Texto 1

Hace unos años realicé un curso de perfeccionamiento del que, entre otras cosas, me fui con un autor: John L. Austin, filósofo británico (1911-1960). 

Austin nos habla sobre el lenguaje, y en especial sobre el lenguaje ordinario, natural. Para él, el lenguaje ordinario está lleno de distinciones y tiene una riqueza de matices extraordinarios, y uno de ellos es que la palabra algunas veces “enuncia” y otras “hace”.

 Algunas veces, decir algo es hacer algo, y a esto lo denominó “expresiones realizativas”.

No se trata de un enunciado que describe o expresa algo del estilo “me gustan las orquídeas” o “me duele la zona lumbar”. Fíjense la diferencia con este otro: “te prometo que no me voy a chivar”. Aquí Austin nos dice que en esta última expresión hay tres acciones que no debo confundir: 

1) el acto de decir algo (emitimos unos ruidos), 

2) el acto que llevamos a cabo al decir algo (hacemos algo más que decir algo…). En este caso ese algo más es el “prometer” y 

3) sería el acto que llevamos a cabo porque decimos algo (en este caso podría ser “alivio”). 

Otro ejemplo, quizás más claro para mostrarnos cómo el acto de decir crea una realidad: el rito del casamiento sea el reglado por la sociedad o uno elaborado/creado por una pareja en particular. Al dar el “sí quiero” o leer los “votos” se crea una nueva realidad. A partir de ese momento “mis cosas” ya no son sólo “mis cosas”, se crea un “lugar común” que antes no existía (y aquí siéntanse libres para enunciar consecuencias tales como enredos, límites no claros, etc.). ¡Y todo por decir “sí quiero”!…

Pero hay un sitio donde creo que estas expresiones realizativas emergen de forma clara y a raudales: en el juego de los niños. Veámoslo.  Cuando un grupo de niños está jugando a “la casita” y una de ellas dice “vos sos el papá”, no está describiendo un hecho. Esas palabras crean una nueva realidad simbólica. A partir de ahí cambia todo: el contexto, el valor de los objetos, la forma de moverse, el tono de la voz, el modo de comunicarse…les aseguro que (y aquí soy yo quien usa una expresión realizativa) es “otro mundo” desplegado ahí, ante vuestros ojos (de paso, en esta pequeña escena podemos valorar la importancia del contexto para la aparición de este tipo de expresiones). 

Cuántos mundos dentro del mundo… desde aquí salté a otro lugar: el valor de la palabra y del decir -como materia- para la creación de algo nuevo en un contexto terapéutico… a veces, roza la magia.

Agradezco a John L. Austin y a su libro Cómo hacer cosas con palabras la posibilidad que me brindó para pensar, imaginar y recordar.